jueves, 5 de junio de 2008

PRINCIPIO DE LA IMAGINACIÓN

Tensing, el monje budista, y su discípulo, el príncipe Dil Bahadur, habían escalado durante días las altas cumbres al norte del Himalaya, la región de los hielos eternos.
En esos días habían presenciado en varias ocasiones una extraña presencia que los seguía por los montes, nunca habían visto nada, pero tenían la certeza de que alguien o algo estaba siguiéndolos.
Esa misma noche, la luna llena iluminaba la nieve y dejaba al descubierto la oscuridad que llevaba a los infiernos, allí donde empezaban los numerosos precipicios. Un paso en falso y la vida de sus cuerpos saldría para encerrarse en la eternidad, en busca de la puerta de los cielos.
Dil Bahadur estaba atento, presenciaba que esta noche pasaría algo, y notaba que el aura de Tensing no era del todo tranquila, de repente vio algo que se movía dentro el precipicio, pensó que seria una imaginación causada por el sueño de varias noches en vela, así que lo dejó pasar, pero al poco volvió a ver algo que se movía lentamente y seguidamente vio como se incorporaba des de la oscuridad una figura delgada y esquelética, con el cuerpo rosado y putrefacto, Dil Bahadur llamó mentalmente a su maestro, que acudió al encuentro.
La figura era una mujer, esta estaba quieta, con la cabeza baja, pero mirándolos, Tensing intentó hablar con ella, pero no obtuvo ninguna contesta.
La figura se empezó a mover, con pasos lentos, que hacían crujir sus huesos finos.
El príncipe no se movía, cerró los ojos y al poco noto como unos dedos fríos y huesudos se posaban sobre su pecho, y como en un golpe seco notaba como la figura, la figura de la muerte, le travesada el pecho con sus uñas negras y le sacaba el corazón, llevándolo consigo al mas oscuro de los infiernos.


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